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La tala incontrolada contribuye
a aumentar la vulnerabilidad al clientelismo y la corrupción
de las instituciones gubernamentales competentes; debilita el sistema
administrativo público del sector forestal y los mecanismos
de control; y además mina a la base los principios y el funcionamiento
del Sistema Social Forestal del país.
Al mismo tiempo hay importantes
barreras a la legalidad en el sector forestal, que terminan por
favorecer y perpetuar la ilegalidad. Estas barreras no incluyen
solamente los obstáculos efectivos a la legalidad (que dificultan
o hacen impracticable el cumplimiento del marco legal), sino también
las inducciones o estímulos a la ilegalidad.
Los obstáculos más
relevantes conciernen (i) la confusión e inseguridad sobre
la tenencia de la tierra; (ii) ‘fallas’ en el marco
legal, tal como los altos costos de transacción ligados a
trámites legales y administrativos engorossos (por ej., para
obtener la aprobación de los planes de manejo); (iii) debilidades
institucionales; (iv) falta de información; y (v) factores
económicos.

Importantes estímulos a
la ilegalidad son (i) los limitados riesgos penales asociados a
los delitos forestales (escasa probabilidad de detección
y sanción efectiva); (ii) la vulnerabilidad a la corrupción
de las instituciones públicas; y (iii) el contexto local
en áreas forestales remotas, con bajos niveles de gobernabilidad
y la formación de estrechos vínculos entre diferentes
actividades ilícitas.
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La estimación de las pérdidas
de las finanzas públicas (impuestos forestales e impuestos
sobre la renta), y del desperdicio del gasto público y de
la ayuda internacional para el manejo forestal, suma un valor de
11-18 millones de dólares por año. Esto equivale aproximadamente
al presupuesto anual de AFE-COHDEFOR ($16 millones en el 2003),
o a la sumatoria de los presupuestos del Instituto Nacional de la
Niñez y de la Familia ($6 millones), el Instituto Nacional
de la Mujer ($0.5 millón), del Patronato Nacional de la Infancia
($3.2 millones), y de Banco Nacional Suplidor de Productos Básicos
(BANASUPRO) ($5.1 millones).
La producción forestal incontrolada
erosiona los medios de vida de los pobres. En áreas rurales
remotas contribuye además al desarrollo de un contexto de
difusa ilegalidad, ligándose con otras actividades criminales
(como narcotráfico, abigeato, tráfico de animales
silvestres y armas, robos, etc.), e incrementando conflictos y violencia.
Constituye una competencia desleal
en contra de los esfuerzos de manejo forestal, disminuyendo significativamente
su viabilidad económica. Además contribuye al deterioro
de los recursos forestales, con la asociada pérdida de servicios
ambientales.
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